

o hay en nuestro JARDIN SECRETO animal
más esbelto y más dócil que el caballo o que la yegua. Su majestuoso
trotar y su salvaje galopar. Justo es no dejar sus grandes cualidades atrofiar.
Es necesario pues su continuo domar. Y si la yegua desfallece, un rescotituyente
se merece. Su suave lamer, su relincho de placer. Tomando el alimento de nuestra
mano agradece el cuidado que, a buen seguro, se merece. Resistente y brioso, la
fusta agradece. No hay animal mas docil y noble que la yegua y el caballo.